Hace pocos días me sucedió algo
que, como muchas otras veces, me hizo pensar en el tema de esta noche y decidí
llevarlo a ustedes, queridos lectores amigos.
Pasé a buscar a una queridísima
amiga, que hacía mucho tiempo que no veía, por su casa, aprovechando que por su
trabajo estaba en Buenos Aires. Fuimos coordinando nuestro encuentro en los
días previos usando varios de los métodos de comunicación de los que hoy
disponemos: algo de chat del Facebook, algún mensajito vía Whatsapp y creo que
hasta un par de SMS.
Unos minutos antes de la hora del
encuentro, estando yo en camino, me llegó un mensaje suyo diciéndome que le
avisara cuando llegaba, así yo no tenía que bajar a tocar el portero el eléctrico.
Me pareció un detalle encantador de su parte, para que yo ni me molestara en
bajar, pero inevitable y arrasadoramente surgió en mi interior, como siempre:
“El Antiguo”, ese que me hizo bajar del auto, tocar el portero, anunciarme y
esperarla parado frente a la puerta, hasta que bajó y la pude saludar, abrirle
la puerta para que suba a mi auto y partir a un café a tener la charla que nos
debíamos.
Y ya en tema (que no tiene nada
que ver con mi amiga, fue sólo un disparador) empecé a recordar la infinidad de
veces durante mi vida en que “El Antiguo” que llevo dentro me hizo sentir un
bicho extraño pero creo que, afortunadamente, está instalado para siempre.
Aclarando entonces.
Desde mi tierna infancia, recibí
de mi padre una formación intuitiva pero muy perseverante referida al modo en
que uno debía conducirse socialmente y sobre todo en lo referido al modo de
tratar y comportarse con las mujeres, legado que he valorado día a día desde
hace muchos años pero que siempre me ubicó en el lugar de “El Antiguo”.
Detalles simples pero básicos de comportamiento como por ejemplo: abrir la
puerta del auto a una dama al abordarlo y al descender, ayudarla a descender
del auto en ese caso, abrirle siempre una puerta de entrada o salida y ceder el
paso, cederle el paso al subir una escalera y precederla al bajarla, caminar
por la vereda a su lado pero cediéndole siempre el lado interno de la misma,
sostener el paraguas, servirle la bebida a las damas que nos acompañan en la
mesa siempre, esperarla en la puerta de pie cuando uno pasa a buscarla por
algún lugar, preocuparse en saber dónde se ubica el toilette en un espacio
público para poder indicarle sin que tenga que dedicarse a averiguarlo,
sentarse a la mesa en lo posible una vez que todas las damas de la mesa ya se
han sentado, etc.
También me formaron en el
concepto de tratar con delicadeza y respeto a la mujer, a las mayores,
obviamente y a mis pares, desde mi hermana, pasando por mis amigas, novias o
compañeras hasta la enemiga más acérrima. Será por eso también que temas como
la violencia de género me sublevan sobremanera.
De diversos modos, fui sumando a
lo recibido de mi padre, otras ideas, gestos y costumbres de mi propia cosecha,
tratando de hacer de uno mismo, alguien un poco mejor cada vez.
A esta altura, ya varios se han
dado cuenta y justificarán lo de “El Antiguo”, muchos dirán que son
exageraciones anacrónicas ya en desuso, etc. y hasta incluso he recibido la
crítica de alguna feminista extrema quejándose de tal condescendencia. Pero
afortunadamente me he mantenido en mis trece y estos gestos se han convertido
en algo natural en mí y procuro transmitírselos a mis dos hijos varones, obviamente
no sin quejas, pero con resultados.
Lo interesante resulta ser la
forma en que las mujeres reaccionan antes estas situaciones de acuerdo a su
edad y personalidad. Está claro que cuando yo era un adolescente o en mi tierna
juventud, a mis amigas y compañeras les costaba a veces comprender esos gestos
pero finalmente terminaban aceptándolos y disfrutando de ellos de buen grado
con el uso y la costumbre.
Es más claro aún que las chicas de estos días de
redes sociales y relaciones virtuales en general no comprenden de qué se trata
y por supuesto no saben cuál es el movimiento que deben hacer o cómo responder
a estas conductas, pero debo decir, que a lo largo de los años, con distintas
edades, generaciones y características personales, una vez que reciben esa
deferencia y la comprenden, lo agradecen y las halaga. La sensibilidad
femenina, de cualquier edad y época, sigue siendo única y receptiva.
Con los años y la madurez,
legiones de damas se pliegan a aceptar y valorar estas cosas que en su juventud
no le daban importancia, pero que con el tiempo se sienten gratamente
consideradas.
Confieso, asumiendo que es un
“viejazo”, que me da un poquito de pena ver como los chicos hoy entran a un
boliche o a un Mc Donald´s o adonde sea, por delante de las chicas, dejándole
caer impiadosamente la puerta de cierre automático a la damita que lo sigue.
Pero no cejaré en mi empeño e incluso veo que hoy mis hijos, han asumido estas
conductas más naturalmente, sobre todo cuando se trata de mujeres mayores que
ellos.
Tanta valoración por estos gestos
me llevó incluso, hace muchos años, a averiguar cómo se habían originado estas
reglas y conductas, detalles que muchos no conocen. Así aprendí, por ejemplo,
que el deber del hombre de caminar del lado de la calle, cuando uno acompaña a
una dama en una vereda, proviene de antiguas costumbres urbanas, cuando las
calles eran surcadas por carruajes con caballos y no existían las cloacas. El
hombre debía proteger a la dama de las salpicaduras que podían provocar los
carruajes en calles llenas de barro y charcos, pero sobre todo otorgarle la
protección de los balcones a la dama desde los cuales muchas veces se arrojaba
al centro de la calle y sin cuidado, el contenido de las bacinillas y “tazas de
noche” donde hacían sus necesidades los habitantes de aquellas incipientes
aglomeraciones urbanas. Nada más valorado por los hombres de esas épocas, que
un buen sombrero, ¿no?
Pocos saben que la conducta en la
escalera (ceder el paso a la dama cuando suben e ir por delante de ella al
descender) tiene que ver con poder “atajar” y contener una posible caída de la
dama, que utilizaba largos y pesados vestidos y tacos que se enredaban con
facilidad. Entonces, siempre el hombre un par de escalones debajo, manteniendo
el ritmo de la dama que acompañamos.
Pasando a otras conductas
sociales de estos tiempos y siendo yo mismo asiduo usuario de los gadgets
electrónicos que nos comunican, me parece deleznable que alguien, hombre o
mujer, pretenda mantener, discutir, arreglar o terminar una relación de
amistad, pareja o familiar, utilizando el e-mail u otra red social alternativa
Estimados colegas de género: No
se puede reemplazar el cara a cara, no se pueden decir cosas durísimas,
afectuosas, tristes o románticas a través de un e-mail, un sms o un tweet, ¡por
favor! Pongamos todo lo que debemos poner y mantengamos la voz en alto y los
ojos en nuestro interlocutor. Duela o cueste lo que sea.
Cuando escucho que alguien
termina una relación por mail, que pide perdón con un sms o que pretende
seducir a través del Twitter siento que estamos traicionando nuestra condición
humana. No niego que charlando a través de un chat uno puede saber más de
alguien, entenderlo o incluso hasta enamorarse de la forma en que piensa o
siente el otro pero reivindiquemos por favor el contacto humano, la mirada en
el otro, la piel que se eriza, las lágrimas en los ojos o los labios que tiemblan.
Si, ya sé, sigo siendo “El
Antiguo”, pero al menos ahora entienden por qué.
Mantendré mis gestos, costumbres
y “antigüedades”, porque me gusta y porque eso me permite andar más satisfecho
y liviano por la vida. Me permito sugerirles que le dejemos un poco más de
humanidad a cada uno de los que la comparten con nosotros día a día.
Buenas y Pocas Noches, queridos
amigos.
Muy bueno Nelson! ;-)
ResponderEliminarGracias Marianoooo!!
EliminarQuè placer da leer èsto... Me causa gracia el tìtulo, lo que deberìa ser normal se nombra como raro??. No, Nelson... creo que es fantàstico tener valores y ser caballeros. Muchos se tapan, supongo que no quieren sentirse "distintos" a la nueva generaciòn pero...que gran error, los distintos son los nuevos. El contacto directo entre las personas es la cosa mas liiiinda que existe. Yo voto por eso!!!
ResponderEliminarTe repetirè siempre lo mismo, en cada una de tus publicaciones. Es excelente lo que escribìs, como lo escribìs y los temas que tratàs.
Besote de tu fiel lectora.
Gaby!
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarGracias Gaby!! Bella Dama!! Ud. sabe de qué se trata... Ya sabés que a mi no me asusta ser "distinto" hace ya una vida... y lo seguiré siendo... muero en mi ley, que es la que me gusta!!
EliminarOtro excelente momento de lectura frente a la computadora. Que afortunadas las mujeres que te rodean...
ResponderEliminarGracias "Caballero Nelson"
Cris Trillo
Gracias Cris!!
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