miércoles, 9 de marzo de 2011

Mujeres al borde de un ataque de sueños.

Buenos Aires, 8 de marzo de 2011.

Mujeres al borde de un ataque de sueños.

Por alguna extraña razón, todos los 8 de marzo siento que algo debería escribir. Y algo escribo. Y actúo en consecuencia. Y envío mensajes, e-mails, saludos o hago llamados a todas las mujeres que de una u otra manera están en mi vida. Todas son importantes, todas cuentan.

En estos años recibí muchas respuestas, la mayoría agradeciendo, seré sincero, pero algunas veces las respuestas me dejaron al menos en silencio. Desde “…no hay nada que festejar…”; “…lamento que exista un día de la Mujer…”; “…somos tan discriminadas que necesitamos un día, como el día del animal…” y algunas otras por el estilo hasta los agradecimientos mas amorosos y dedicados. Entiendo todas y cada una de las posturas y las respeto profundamente. A quien detestaba la fecha, dejé de enviarle mensajes y a quien lo retribuía con cariño, se mantenía en mi lista de envio.

Pero el punto era escribir, (esta vez tengo el blog!) lo que seguramente permitirá que muchas más puedan leerlo. Después les contaré el resultado de la experiencia.

“…todas las mujeres que de una u otra manera están en mi vida…” escribí más arriba y es una arbitraria selección de ellas, a la vez innumerable e imprescindible.
Cada paso de mi existencia (como la de casi todos, estimo) ha estado signado por la presencia generosa, exigente y muchas veces indescifrable de poderosos exponentes del agraciado sexo femenino. Lo de agraciado no es un adjetivo solamente sino que concuerda con las percepciones más profundas que tengo sobre ellas (sobre ustedes, ¡perdón!)  y con los estados de gracia en que se encuentran las mujeres cuando uno se cruza con ellas en la vida.
Siempre, invariablemente, el estado de una mujer es especial, ya sea en fase de “zen” más absoluta o en el más complejo conflicto que pueda aquejarla.

¡Viva la diferencia! decía una sesentosa y remanida frase, pues para quien esto escribe las mujeres son como un río, siempre distintas, siempre caudalosas, siempre entregando señales sobre una posible crecida, o un desborde o una sequía, señales que los mortales masculinos podemos interpretar muy pocas veces desde nuestra básica y lineal condición, pero juro que nos esforzamos por hacerlo bien.

Antes que florezcan los comentarios aclaro que considero a nenas y nenes por igual, por sus aptitudes, capacidades y características y que detesto las generalizaciones de género que sólo entorpecen el conocimiento mutuo, pero obviamente si intento escribir sobre “las mujeres” busco aguas que permitan homogeneizar aunque sea brevemente las enormes variaciones posibles que el universo femenino nos ofrece.

Siguiendo con la alegoría del río, esa fuerza primal femenina invade desde el mismo vientre materno todos nuestros huecos, permitiendo que nos desarrollemos empapados en ese líquido imprescindible para la vida. Ciertamente, como sucede igualmente en el caso de los hombres, también ese “elixir” puede tornarse tóxico y asfixiante, pero tratándose de las mujeres, el efecto en general, si negativo, puede ser devastador. Eso habla de su poder, de su intensidad, de su enorme influencia que, obviamente, puede ser absolutamente positiva en el caso contrario.
Y por qué no?... me referiré precisamente a esos casos, a los positivos, a todo lo aprendido, recibido y añorado de ustedes, estimadas lectoras.(Disculpen muchachos, hoy les hablo a ellas.)

Considerando que los hombres tenemos una ceguera corporal irreversible con la maternidad, con ese vientre hinchado y esa revolución hormonal, ustedes nos acercan generosamente nuestra mano a su vientre y nos transmiten intensamente lo que sienten, seamos padres, hermanos, amigos o tíos, esa panza la hacen compartida y dadivosa, nos muestran los movimientos y los dolorcitos, las patadas y los descansos. Son nuestra “cámara espía” en ese mundo inaccesible para nosotros. Reniego, como muchas de mis queridas amigas, del instinto materno como una cuestión genética o atávica sino que lo considero un concepto cultural y precisamente por eso, creo más aún que la maternidad es un esfuerzo físico e intelectual superior, un don impresionante y complejo que las mujeres llevan adelante con una hidalguía y resistencia de la que carecemos los hombres. No creo que lo hagan por instinto, lo hacen porque son las únicas capaces de hacerlo.

Del mismo modo, muchas veces nos demuestran, nos conmueven y nos educan con las demostraciones de amor filial, fraternal, materno o amistoso incansable, sacrificado y alegre. También aprendemos de la lucha compleja que pelean en busca de las igualdades laborales, intelectuales o de oportunidad que muchas veces (cada vez menos por suerte) se les niegan. Uñas (pintadas) y dientes para un desafío desigual, pero que claramente van ganando día a día, aunque siempre falte algo más.

Nos entregan toneladas de su exquisita inteligencia en todas las posiciones de la sociedad. Cada vez son más las mujeres universitarias y menos los hombres. Las carreras humanísticas suman cada vez más y más mujeres dispuestas a crecer intelectualmente y nos superan claramente en rendimiento y capacidad en muchísimos casos.

Nos dan su aliento, su aguante, su deseo, su belleza, su sutileza, su mesura, su voz seductora y cálida, sus necesidades, su sensualidad, sus urgencias, su talento…

Seguramente hay un montón de cosas que detestamos, no comprendemos y evitamos de ustedes del mismo modo que ustedes lo hacen con nosotros pero hoy el tema es un elogio a la condición femenina y no una polémica de género.

Y el párrafo final para el amor, ese esquivo, maravilloso, difícil, complejo, completo, imprescindible amor de una mujer. Amor difícil de ignorar, intenso, apasionado, comprometido, desmesurado. Ese amor que algunos hombres tenemos la gracia de recibir alguna vez en la vida y que nos mantiene, vivos, alerta, que nos hace evolucionar o enterrarnos, que nos revitaliza o desanima, que nos subleva o rescata. Amor de mujer. Amor del todo.

Mis queridas lectoras, gracias por todo esto, por estar y si hasta aquí llegaron, por leerme esta noche. Algunas cosas les gustarán más y otras menos, todo es opinable, pero hoy quise sintetizar solamente cuestiones emocionales personales que me generan y por suerte seguirán haciéndolo, todas ustedes. Desde el alma, sin filtros.

Gracias, Feliz Día de la Mujer.

Buenas Noches.


Nelson Acosta García

viernes, 4 de marzo de 2011

Más liviano.

Mis “exclusivos” y queridos lectores, disculpen la tardanza, pero el vértigo diario no me ha permitido explayarme en estos días, aunque aquí estoy, de nuevo en el ruedo. Gracias por los comentarios que me hacen llegar…

Más liviano.

Hace poco tuve una charla con un amigo que nos movilizó algunos puntos sensibles referidos a los sueños, los deseos, las utopías y todas las variantes que encuentren. Surgía en la charla, esa acuciante necesidad que tenemos de tener (valga la redundancia) determinados objetivos: de “vida”, laborales, económicos, sociales, etc. hacen que cada momento de nuestras existencias estén plagados de exigencia y necesidades  (de estas, de las otras tenemos todos, ¿no?)

¿Cuándo es que alguien dijo, escribió, estableció o decretó que todos tenemos que tener sueños, objetivos grandiosos, utopías por concretar o deseos inalcanzables? Seguramente, muchos me dirán que no es equiparable una utopía romántica que un objetivo de “posesión” económica, cosa que es real, pero intento no discriminar ya que todos tenemos nuestra propia forma de sentirnos realizados.  El punto en cuestión no es ese de todos modos, sino la exigencia impuesta o auto impuesta que tenemos de (obtener cosas = obtener felicidad)

Es un tema tratado hasta el hartazgo, lo sé, pero a veces, justamente por ser algo tan comentado y declamado, no le damos lugar a analizarlo desde nuestra propia existencia. Como muchos, uno mismo tiene sueños, deseos y proyectos, ya que debe ser una necesidad inherente a la condición humana, pero muchas veces despreciamos al que se despoja de esas metas y solamente se dedica a llevar su existencia por el mejor camino posible, sin importarle no solo lo que los demás opinen sino lo que su propia carga cultural o ,mejor aún, su evolución intelectual y emocional le exige.

Con los años (uno ya tiene unos cuantos en la alforja) he ido bajando pretensiones y objetivos en pos de obtener una felicidad más fecunda en el recorrido de la vida. Como buen descendiente de castellanos de Salamanca, mi tozudez me ha permitido transitar esos caminos cargadito de ítems a cumplir en toda sufrida vida española (recordemos a nuestros antepasados españoles reprimidos, sufridos y oscuros de hace un siglo, no a la España europea de estos tiempos), pero la evolución natural de la misma y los pocos pensamientos evolutivos que uno consigue desarrollar nos permiten descargar algunas cosas.  Para esto, sería un facilismo recurrir a frases occidentales u orientales como “Dios proveerá” o “Todo sucede para bien”, pero debemos admitir que sea cual sea la religión o idiosincrasia adoptada, resumen claramente la intención de vida del emisor del mensaje. No está nada mal. Aunque uno mismo no logre hacerlo.

Los hijos que crecen nos marcan etapas y dibujan líneas no sólo en nuestro rostro, sino en el recorrido de la vida. Cuando se acerca el momento de su independencia, intentamos empezar a prever el nido vacío y hay que prepararse para ese momento, ahí es cuando nos damos cuenta de cual es la motivación que nos llevó a poseer algo más. Y los hijos son un motivo, no una excusa. Como decía un psicólogo conocido; “Los hijos son la excusa más usada y más perfecta para justificar cualquier barbaridad de las tantas que hacemos”.
“¡¡¡Lo hice por mis hijos!!!” es el grito de guerra más mediocre que podemos utilizar. Hay que asumir que cada uno, tenga hijos o no, hace lo que decide hacer o en todo caso, lo que puede.
Los sueños, las posesiones y los deseos de poseer son nuestros, egoístas, personales, internos y profundos.

Tal vez, deberíamos aprender a recibir la vida un poco más como viene y otro poco menos como queremos que venga. Sigamos apilando sueños, pero no caigamos aplastados bajo su peso y cada tanto, cumplamos alguno, eso aliviana.

Tengamos deseos, planes y búsquedas más simples, más básicas, menos onerosas en su costo no solo monetario sino en su costo emocional y vital. Disfrutemos un poco más de crecer, de los caminos, de las esperas, de las charlas largas, no siempre es tiempo perdido.

Hacia allí intento ir, pese a las pesadas ruedas de la carreta que arrastro estos días.
Espero como siempre, que la búsqueda sea fecunda y que el recorrido me lleve finalmente, por ese camino por el que intento ir, descalzo sobre la arena y con el sol en la cara.

En parte desde allí nació este Blog, ya que en mi caso escribir, aliviana…

Buenas Noches.