miércoles, 2 de enero de 2013

Querido 2013:

Confieso que es la primera vez que le escribo a un año. 

Le he escrito al amor, al dolor, a la mujer, a la amistad, al deseo, al desencuentro, a la enfermedad, al valor, a la tristeza, a la naturaleza y creo que hasta a un árbol. Pero nunca a un año. Ni imaginé escribirle a un año terminado en 13, tan cabalístico y con tal mala prensa que sería mejor ni nombrarlo.

Pero algo pasó, algo hizo clic entre este año y el anterior, o durante el anterior y cerca de este, no sé.

Te hablo de tu antecesor un poco, porque ustedes los años nunca llegan a conocerse unos a otros. Siempre llegan cuando el otro se fue, así, en un segundo.  Te cuento que el 2012 (entre nosotros y en confianza lo podemos llamar “el 12”, ¿no?, gracias) fue un añito raro. Hablando con mucha gente prevaleció en su definición la palabra “raro”. “Bueno” ,“malo”, “de transición”, etc. también aparecieron, pero la que más apareció fue: “raro”

Raro porque las cosas no se definieron, porque el tiempo transcurrió sin resolver nada. Porque tuvo cosas excelentes y muchas definitivamente malas. Porque fue cansador y reiterativo. Violento y malhumorado, pero cada tanto sacaba la cabeza para respirar.  Por todo esto y por algunas cosas más, es que te pido que toleres algunas cosas, algunos pedidos, algún reclamo más o menos airado.

No sos vos, soy yo. Yo necesito que seas un tanto más amable, comprensivo y acogedor que el 12. Necesito que firmemos algún acuerdo de no agresión mutua, que nos dure hasta tu 31 de diciembre.
Necesito que me permitas consolidar ese par de temas que ya sabés y que podamos concretar juntos, ese sueño que vengo hilando con varios de tus antepasados. Porque ustedes pasan, pero nosotros seguimos acá y no está fácil. 

Sería muy oportuno que bajes un poco la intensidad de la violencia (la ruidosa y la silenciosa, ambas) que venimos bancando, porque a veces se hace intolerable. Hablo de la violencia de la calle, la de los gobiernos, la de los poderes ocultos o visibles, la del  tipo que maneja el auto de al lado o que me atiende en un negocio o que decide el destino de los países. Esa, la que aflora en mí cuando la violencia de los demás me indigna (sí, ya sé, de esa me tengo que ocupar yo, quedamos así.)

Estaría muy bien además que haya un tanto de paz y bienestar. No hablamos de opulencia, ni por casualidad, sino de bienestar. Se trata de que haya muchos menos (o ninguno) pibes y adultos que no tienen para comer, que todos puedan comer un poco mejor y educarse algo y saber de qué se trata el tema de laburar. Para que al menos los grandes puedan decirle a los pibes lo que es laburar. Porque eso también es educar, ¿no?

Trataría de ver si de algún modo, en lugar de “raro”, cuando termines podamos decir que fuiste: “tranquilo”, con eso ya mejoramos bastante, te cuento.

Y para ponerme menos social y utópico, estaría bueno que la gente pueda soñar cosas que llegan alguna vez, que sepan que el esfuerzo vale la pena y que criar y educar a nuestros hijos aquí sea para inculcarles el amor por la propia tierra y no para sacarles rápido el pasaporte y pedirles que busquen el mundo afuera, por más que ese mundo tampoco esté en su mejor momento.

Si, ya sé, estoy un poco escéptico. 

Pero te juro que tengo sueños y ganas. No tantos como antes, ni exactamente los que quisiera, pero los tengo. Ya hay muchos que no serán, otros que quizás sucedan y alguno que seguro ocurre.

Y habrá un par de ellos por nacer. Ustedes los años, cuando transcurren muchos, no permiten ya que nuestras células se reproduzcan mucho (salvo las del tejido adiposo) pero no han podido evitar que los sueños, con más o menos fertilidad, aparezcan inevitablemente.

Y ya que estamos en esto de pedirte un par de cosas, necesito que me dejes seguir amando. Del mismo modo pero con más intensidad que el 12. Dame lugar a seguir amando a toda esa gente amada que me hace el camino más fácil, que me siguen dibujando sonrisas nuevas, que estremecen la piel y el alma. Que duelen en su dolor y nos alegran en su alegría.

Si, si, ya sé que no sos Dios, que no hacés milagros y que esto ya parece una plegaria y bla bla bla… pero no… es una simple conversación entre un tipo común y un año que siempre, pero siempre, tiene la oportunidad de ser único y especial en la vida de cada uno de nosotros.
Corrés con ventaja. Tenés 51 semanas y media para hacer todo lo que puedas. Tenés el calendario lleno de hojitas en blanco, una buena parva de feriados y mucha gente expectante.
No sé por qué misteriosa razón, el cambio de año nos provoca esta cosa de balance y renovación. ¿Vos sabés?.  Al fin y al cabo, te inventamos nosotros, te dimos número y entidad, como si fueras “alguien” pero los días siguen transcurriendo sin diferencia sustancial, mas que el clima o las vacaciones que inventamos también nosotros.

Y acá estoy yo, escribiéndole a un “fenómeno cultural” (no te ofendas, lo de “fenómeno” es cariñoso) tratando de que me acomode un poco las estanterías de la vida

Fijate vos, hacé lo que puedas. Yo trataré de hace mi parte.
Que tengas un feliz “vos”

Nos vemos todos los días de acá a diciembre, ponete las pilas!
Claramente, mi querido 13, este es TU año.

N

6 comentarios:

  1. Que lindo Nel!muchas de las lineas son pensamientos compartidos, cosas que por ahí se nos cruzan por la cabeza pero no las decimos... eso de que: "Porque ustedes pasan, pero nosotros seguimos acá y no está fácil." es una. Los mejores deseos en esta nueva etapa, pero por sobre todo que los sueños se hagan realidad!! besos.

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  2. Buenìsimo!!!una vez mas..

    Gaby!

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  3. Nel...me encanto!!! No solo la forma fabtastica en que esta redactado, sino tambien lo original del tema! El contenido es en mayor o en menor medida lo que todos deseamos de este nuevo año, pero lo genial de tu texto es que da gran placer leerlo y nos clarifica los propios pensamientos para darle para adelante y cumplir los objetivos, metas y sueños ! genio!
    Beso

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