Me
comunico poco, últimamente.
Como
si cada palabra, gesto o expresión pesara una tonelada y media, como si el
sencillo ejercicio de articular pensamientos y hacerlos trascender más allá de
uno mismo fuera una descomunal carga en la espalda y en los sentidos.
¿Me
comunico poco, últimamente?
No
es que me haya comunicado mucho nunca . Muchos buenos amigos, víctimas
inocentes de mis desvaríos suelen decir que “casi nunca” (en realidad dijeron
“jamás”, pero quiero exculparlos de tal carga) expreso lo que realmente me
pasa. ¿Será tan así?
Hace
poco tuve la oportunidad de ser “analizado” técnicamente por una psicóloga muy
profesional, que me hizo una devolución cuanto menos, asombrosa sobre mis
propia psiquis y dónde surgió también este tema de la comunicación. En
este punto, decidí que podía ser importante poder comunicar por escrito mis problemas de comunicación. Abusemos de la palabrita, un poco.
Munido
de lápiz y papel o, mejor dicho, de un teclado y una pantallita plana ad hoc,
comencé a desgranar estas ideas algo tormentosas sobre mi relación con el tema.
Tampoco es que se nos viene el programa “Comunicación para todos... y todas”,
pero en estos tiempos de hipervínculos virtuales y poco abrazo genuino,
solamente acercarse al tema… es una forma de exorcizarlo.
¿Me
comunico poco?
Comunicamos
con todo: gestos, expresiones, palabras dichas o escritas, arte visual, música,
etc. pero muchas veces quedamos con la sensación de estar profundamente
aislados. En mi caso particular no tengo problemas en comunicarme, expresarme y
mostrar, la timidez no es lo mío pero, sutilmente, utilizo hasta un exceso de
esa energía, simplemente para poder enterrar la expresión más profunda y
temerosa que es la de exponer quién y realmente qué soy.
Seguramente
somos muchos en este mismo barco y el hecho de la existencia de este Blog hace
que se entienda que la letra escrita es para mí una pala con la que voy cavando
en las catacumbas de mi subconsciente, desenterrando no siempre reliquias
valiosas, sino de cuando en cuando, algún viejo cadáver devenido en miseria
personal.
Todo
esto no debe significar que me comunico correctamente, claro está, pero… antes que
alguien me haga la advertencia, puedo preguntarme qué es lo “correcto”. Como
decía el Maestro Dolina (aproximadamente): “No me quedo muy tranquilo siguiendo
el sentido de circulación que marcan las señales, sobre todo sabiendo quiénes
han sido los que pusieron esas señales”
En
épocas de crisis interna, prefiero poner en duda las garantías y jugar a ser el
que patea el tablero, asumiendo el riesgo de fractura que conlleva, si el
tablero resulta ser de esos de mármol de alguna plaza, por ejemplo.
¿Me
comunico?
¿Quién
comunica todo y bien? Seguramente nadie, pero estaría bueno que empecemos por
aceptar que la comunicación no sólo depende del emisor, sino (y de manera
fundamental) del receptor. Uno puede gritar su puñado de verdades al viento, pero sin audiencia la comunicación se reduce a cero.
“No
contás lo que te pasa.” “No expresás lo que sentís.” “Tu procesión va por
dentro.”
Son
ejemplos de frases que escuchamos de gente allegada y querida, pero en los
últimos años he detectado que en el momento en que uno empieza, sufrida y
valerosamente, a desgranar su propia historia, el otro siempre se vuelve
autorreferencial: “A mí me pasó eso y yo hice tal cosa…” “Yo en tu lugar
hubiera hecho tal otra…”, “En mi caso fue diferente porque…”, etcétera. Es casi
inevitable terminar en ese sitio y me incluyo en la volteada, ¿eh?. Me he
sorprendido cometiendo ese error de terminar hablando de mí cuando el otro
intentaba drenar sus sentimientos ahí nomás, sobre la mesa de café.
¿Entonces?
¿Hablo de mí o no hablo de mí? ¿En qué quedamos?
La
verdad, a esta altura de la fiesta, creo que tendríamos que aprender a escuchar
un poco más lo que el otro nos está diciendo, olvidando por un instante que no
somos él.
El
problema no es que uno no comunique bien o que comunique más o menos cosas, el
problema es que olvidamos el camino de ida y vuelta y creemos que ese requisito
se completa con 144 caracteres por vez y con tener la nobleza de re-twittear la respuesta. Pero el
camino parece ser otro. Más corto, menos cool, más ordinario tal vez, pero
sobre todo más parecido a una mano en el hombro y una mirada silenciosa
mientras el de enfrente se desangra en palabras. Y no reniego de las nuevas
formas de comunicarse, al contrario, las reivindico como una herramienta
complementaria importante para nuestra vida de hoy, pero el peso de una mirada
hermana tiene la potencia de un huracán.
Comuniquemos
un poco más, pero escuchemos mucho más, al menos eso parece tener un futuro
menos prodigioso pero absolutamente más humano.
Buenas
noches, mis escasos, exclusivos y queridos lectores… ¿la próxima?... la próxima
hablamos de amor.
Me conmovió. Es bello y melancólico.
ResponderEliminarNo siempre me sale bien pero me gusta escucharte, necesito escucharte...
Y vos... sos un gran "escuchador"
Gracias !!!!
Decir a alguien que no estamos enojados mientras mantenemos los dientes apretados y lo taladramos con la mirada es inconsistente, al igual que decir a alguien cuánto lo amamos y apreciamos mientras bostezamos y miramos fijamente la televisión.
ResponderEliminarPor lo general, el modo en que decimos algo, expresa nuestras verdaderas emociones.
Bienvenida la COMUNICACIÓN!
Verdadero, auténtico, cierto, efectivo, concreto, innegable.
TQM Nel!!