viernes, 19 de abril de 2013

Planeando por un sueño


En estas épocas de tanta autoayuda, meditación, energías positivas, alimentación sana y otros etcéteras  para la vida, resulta que uno se encuentra ante la peregrina idea de tratar de llevar a cabo un plan para “su” propia vida.

Planificar algo, en fin, proyectarse o como quieran llamarlo.

Es entonces cuando entran en escena todas estas nuevas tendencias del pensamiento unido a la acción, de la meditación profunda y las energías concentradas en los objetivos, etc. que abundan en las revistas femeninas y en las de interés general como nuevos oráculos del saber vivir/comer/respirar/etc..

Conste que valoro todas y cada una de las creencias, prácticas, sistemas y entrenamientos orientados a hacer de la propia vida un mejor lugar. Puede que a uno le resulte una cosa y a otro alguna alternativa, pero siempre que sea para ser un poco más feliz y en algún caso lo consiga, no se puede objetar ninguna variante. Sólo es cuestión de gustos.

Uno escucha conversaciones o frases del tipo: “A mí el Reiki no me funcionó pero con medicina ayurveda logré mejorar mucho mi tracto intestinal” o tal vez “¡No! Te juro que no son anabólicos, solo semillas de chía con jugo de clorofila de cilantro en licuado por la mañana más la práctica de Chi kung diaria, así logré mejorar mi físico y mi mente” y otras expresiones parecidas.

Y volviendo al planteo inicial, pareciera que tener dudas y/o incertidumbres en estos tiempos es casi una tontería, habiendo tantos recursos emocionales, intelectuales y físicos disponibles en revistas, libros, cursos, talleres, coachings e Internet toda.

Pero a uno le cuesta. No sé si debería mejorar primero mi alimentación o mi autoestima, no sé si entrenar mi respiración o repasar mi lista de objetivos cada día en ayunas. Se me mezcla la verdura de hoja verde con la profecía autocumplida y no sé cuál es el día adecuado (¿o noche?) para exponerme a la energía lunar que me favorece.

Paradójicamente, tengo una ensalada “integral” en la cabeza, que obnubila el ya desguarnecido por la sociedad y casi extinto “sentido común”.
Y de eso se trata, tal vez. De pensar la vida como se hacía antes, con la vieja escuela del paso a paso, de afirmar logros pequeños para que la suma nos dé un resultado cada vez más cercano a los objetivos que uno se va imponiendo. Y por qué no, sumar los “tips” que cada una de las nuevas vertientes nos ofrecen.

Pero el caso es que tengo un plan, un proyecto, un sueño y resulta que me propuse cumplirlo, antes o después, pero desde la propia convicción de sentir que eso es lo que quiero para mi vida (ya aprendí a no decir cosas como “el resto de mi vida”)
El tema es llevarlo a cabo y descubro que aparte del sentido común, voy abrevando en todas las vertientes, posibilidades y sugerencias de la gente que rodea mi propia vida. No puedo menos que agradecer la gran alegría y apoyo que me expresan todos y cada uno de los que se van enterando y por los comentarios veo que en el imaginario de la gente (por lo menos la de esta ajetreada Buenos Aires) la idea de irse a vivir y trabajar a una playa en el vecino Brasil, parece más una recompensa merecida que un destino vital. En muchos casos me han dicho: “¡Qué bueno! Te lo merecés…” cosa que agradezco del mismo modo percibiendo que ven el proyecto de vida como un premio al esfuerzo previo. Pero al fin y al cabo no es más que una elección del modo en que quiero vivir (“queremos”, somos dos en este barco), una forma de cambiar lo que hemos vivido hasta ahora y darle un salto de calidad. Entiendo calidad como más tranquilidad, vivir con lo necesario y disfrutar de los días sin correr la carrera por los ingresos, por recuperar el tiempo perdido en ir de aquí para allá, por evitar la violencia diaria de la calle, de los medios, de la gran ciudad, entre otras cosas.

Recuerdo hace pocos años una publicidad de una gaseosa ligth, que animaba a todos a cambiar las gaseosas con azúcar por la dietética como un desafío personal usando como disparadores varios “objetivos o deseos” que la gente siempre se plantea pero que nunca cumple. Hace poco, hablando con un creativo de publicidad (ya en otra agencia) que participó de aquella campaña me contaba que hicieron una encuesta previa a esa producción para determinar cuáles eran los objetos y situaciones de deseo más habituales de los argentinos y claramente y en primer lugar aparecía “tener un barcito en la playa” y obviamente “la playa”, significaba Brasil en un altísimo porcentaje. Por eso la escena más festejada de ese comercial era el brindis “por el que se animó, largó todo y se puso el barcito en la playa” y esa playa estaba llena de palmeras y vegetación tropical… no era Villa Gesell, ¿no?

Esto explica un poco esa alegría que le genera a la mayoría de la gente cuando les cuento mi proyecto. En el fondo todos tenemos algo de ese sueño dando vueltas. Pero claro, la diferencia es cuando se sorprenden del hecho de que estamos estudiando el idioma, visitando la Embajada, etc. y el famoso “sueño” se convierte en algo más tangible. Tampoco vamos por un “barcito”, pero vale la diferencia.

No voy a negar que estamos tratando de darle entidad al sueño, pero es real también que genera incertidumbre, dudas y cuestionamientos propios y externos, pero vamos aprendiendo paso a paso la forma de llevarlo adelante, de a poco y sin pausas.

También hay motivaciones que no son positivas, obviamente. Nuestro país (soy uruguayo, pero me crié y desarrollé mi vida en Argentina, tengo padres e hijos argentinos y formo y me siento parte de este país) no ha sido muy receptivo con mis esfuerzos ni con los de dos o tres generaciones más y lo que nos va devolviendo después de muchos años de estudio, trabajo y lucha es más parecido al sinsabor perenne que al beneficio del bienestar mínimo. 
No quiero más. No puedo más. 
Pido, quiero, reclamo y sobre todo busco y procuro darme y darnos otra vida: mejor, posible, tranquila, de trabajo y de disfrute. Mis hijos son grandes y están en la última parte de su formación educativa que me ha costado y me cuesta un esfuerzo enorme, pero que orgullosamente he podido sostener muchos años a costa de muchos sacrificios y resignaciones.

Pero ya está, ahora tengo mi nuevo proyecto de vida. Increíblemente después de toda una vida donde me ha sido literalmente imposible proyectarme, hoy puedo verlo con más claridad, necesito cada vez menos para disfrutar cada vez más.

Y ojo,  también tengo un plan B, por si acaso, por si necesito tomar otras decisiones, pero el objetivo es el mismo.

¿Qué tengo hoy? Casi nada. ¿Sueños? Sí, claro.

Pero tengo ganas, tengo estímulos, tengo deseos del cambio. En esta vida cíclica que he llevado claramente tengo períodos que promedian los 10 años, al final de cada uno de los cuales se impone un cambio, una vuelta de tuerca, una modificación de los planes.

Y este es el momento.

No es un momento exacto, cortado a tijera y con fecha predeterminada, pero es el momento cuando uno sabe que ya está, llegó, hay que cambiar.

Y me siento acompañado. Algunos de los queridos seres que acompañan mi vida me apoyan, me bancan y me impulsan, otros me muestran sus objeciones y dudas, pero todos desde el afecto más genuino.

Y volvemos al sentido común del que hablábamos antes, ese que hoy nos mueve a seguir trabajando como cada día, con responsabilidad y esfuerzo, pero tomando el impulso en lo que viene o queremos que venga.

Proyectos, planes, deseos, cambios, podemos llamarlos como quieran, pero a mis flamantes 50 he descubierto que lo que quiero está ahí nomas, cerquita, al alcance de la mano.

Y no se ilusionen, voy a seguir escribiendo. Desde acá, desde allá, desde donde sea. Porque también es parte del sueño.

Lo estoy planeando, lo estoy soñando y de a poco, día a día…  lo estoy realizando.

Ya tendrán novedades.

Pocas noches y buenas noches, mis pocos, buenos y queridos lectores.


1 comentario:

  1. Leo y vuelvo a leer...cuàntos proyectamos lo mismo!!.
    Nada mejor que estar bien en un lugar elegido. Uno tiene miedo a los "cambios",siempre... pero son tan positivos!!
    Me gusta cuando decìs que no tenès casi nada.¿Còmo no??
    Leo muchas cosas en tu relato y una muy importante es la mujer amada y el empuje que tienen para lograr lo que muchos no nos animamos...
    Y si...se necesita cada vez menos para disfrutar mas, quien asì lo entienda ya està en camino....
    Un besote Sr.escritor! (serà brasileño el pròximo relato...?)

    Gaby!

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