Mis queridos lectores, disculpen
la tardanza, anduve tratando de vivir una vida que no quiero mucho, pero que a
veces se me hace necesaria.
Cada ausencia de las letras me
confirma más firmemente que este es el lugar donde quiero estar, el mundo en el
que quisiera vivir, jugando, creyendo, trabajando, vistiendo y desnudando con
las palabras, pero claramente, no lo logro aún.
Eso no quita que hoy esté aquí,
remando entre efluvios médicamente narcóticos, pero volviendo a repasar el
teclado, no sin proponerme que esta vez será mucho más cercana a próxima, como
hago cada vez. Y prometiéndome cumplirla, como cada vez también.
La palabra de hoy es “DESASOSIEGO”
y tal como casi cada vez que hablamos, la Real Academia española me da una
manito:
Y su correspondiente…
Sosiego:
(De sosegar).
1. m. Quietud,
tranquilidad, serenidad.
Fuera de las condiciones que me
llevaron a esta situación, hacía mucho tiempo que no vivía esa sensación de
“desasosiego”, es más, creo que la última vez que sentí algo parecido fue hace
más de doce años atrás, durante una de las circunstancias más complejas de mi
vida.
Pero esta vez la cosa llegó por otro
lado, por la parte profesional y laboral. Nunca pensé, confieso, que a esta
altura de mi vida me pudiera suceder. Uno ya siente que ha recorrido miles de
kilómetros, y que ha tenido experiencias buenas, malas y de las otras, así que
se siente inmunizado contra la estupidez y el caos. Pero está ahí, acechando en
la actividad laboral más resplandeciente.
Y sin entrar en detalles, paso a
paso, día a día, llegó el desasosiego.
Silencioso, progresivo, sin
grandes anuncios, un día el desasosiego se asienta en tu alma, en tu mente, en
tu cuerpo. Esa “falta de tranquilidad” por definición, se hace cargo de las
decisiones que cada día uno toma en el trabajo, en la vida cotidiana, etc.
La desconfianza en uno mismo, el
desamor por el trabajo, la sensación de que nada es suficiente, todo se monta
en el desasosiego. El insomnio, la pelea por conseguir recursos, las decisiones
en sentidos contrarios con diferencia de horas, los egos enfrentados, los que saben todo pero no resuelven nada. Cuando la respuesta a los
interrogantes es: “Porque sí”, algo está irremediablemente roto.
Hace un par de días eclosioné en
una crisis provocada por estas situaciones y debí optar entre poner el pie en
el freno (con todos los riesgos que ello implica) o seguir adelante sin medir
las consecuencias para mi propia salud.
Fuerte aprendizaje esta de la
vida adulta, donde uno ya creía que no aprendía nada. La imágenes se sucedieron
en mi mente, los sentimientos me bombardearon el alma y me di cuenta que no.
Que no valía la pena dejar casi la vida en pos de salvar la falsa dignidad o de
superar los escollos insalvables que te ponen delante aquellos que solo quieren
(valga la redundancia) lo que ellos quieren.
Conozco mis capacidades, mis
falencias, mis virtudes y mis defectos, y la deformación profesional hace que
uno aprenda a disimular unas y potenciar otras, pero cuando la visión de quienes debe conducir un proyecto de vida, laboral o de investigación se va nublando, el manejo de cualquier cosa: proyecto, empresa, emprendimiento laboral o vital, es casi imposible
Mis años de profesión me enseñaron
que construir un equipo para conseguir un objetivo común es la única manera de
obtenerlo. Si por añadidura, tu función es conducir ese equipo, te convertís en
el engranaje más plano y más aceitado que debe haber. No existe otro modo.
Embarcado en esta verdad de Perogrullo, pero siempre efectiva, puse hace unos
meses manos a la obra.
Para simplificar la cosas, puse
los objetivos más importantes en fecha y me propuse llegar a ellos de la mejor
manera. Hasta ahí, nada especial.
Lo especial sobrevino al verificar
que los recursos con los que íbamos a contar, literalmente no existían. Ni
humanos, ni materiales. Lo único que sí seguía existiendo eran las demandas de
cumplimiento de fechas y objetivos.
Mis estimados e inteligentes
lectores me dirán: “Nada nuevo, siempre es así”, pero depende la forma en que
cada uno se tome sus responsabilidades, el resultado que se obtiene.
Yo soy de aquellos estúpidos que
decide tratar de hacer todo, de todos modos y como sea comprometiendo cada
segundo de mi vida en que las cosas resulten según lo planeado. Les confirmo
que lo de “estúpido” es un juicio de valor acertado ya que lo que
correspondería es hacer todo lo mejor que se pueda, con lo poco que uno dispone
y que todo resulte de acuerdo a lo “posible” ya que la responsabilidad deja de
recaer en uno.
Pues no, estimados, opté por el
otro camino, por el primero, lo que me llevó inevitablemente a la locura y el
desasosiego. “Todo no se puede” “que te resbale..” “Hacé hasta donde puedas..”
etc. son frases que escuché.
Hasta que colapsé, hasta que el desasosiego se hizo carne, sangre y nervio en mi mente y en mi cuerpo y ya ni una ni otro respondían adecuadamente.
Y dije basta. Y solté. Y busqué
ayuda.
Y aquí estoy, tratando de que mi
terapia de letras fluyendo funcione, tratando de ocupar el espacio que quiero
ocupar, tratando de que mi gente querida me tenga más y lo mejor de mí, no
retazos que otros se ocuparon de desgarrar.
Era sólo catarsis esta vez, pero
mis pocos y exclusivos lectores saben que cada letra en este Blog es un peldaño pulido en piedra, que la reconstrucción
y el destino abrigan ahí afuera.
Hoy empieza otro camino… uno más
y van… Lo bueno es que nunca sabemos
adonde vamos, pero reconforta saber que ustedes acompañan.
Buenas y pocas noches, amigos.
Nada se pierde, todo se transforma.
ResponderEliminarTransformate.
No aflojes!
TQM
Danu