jueves, 29 de noviembre de 2012

Baby


Ayer me conmovió una noticia que era esperable, pero muy dolorosa y por eso, siempre inesperada. 
Ya no estaba más.
Después de pelearla como todo lo que peleó en su vida, se apagó la luz de Baby, la querida Baby, “nuestra” querida Baby. Y en este “nuestra” me permito sacarle la exclusividad a sus seres queridos, a sus hijos, a su marido, porque ella era de casi todos nosotros.

Hoy sentí que las musas de las letras, realmente estaban de duelo. Porque ella fue poetisa y maestra de letras, por simplificar enormemente sus títulos y sus capacidades, pero eso la define. En su creativa intuición, ella ejerció, enseñó, transmitió y divulgó el amor por las letras. Mi temprana adolescencia de poeta frustrado un día tuvo la suerte de cruzarse con ella, la primera persona adulta a la que me animé a enseñarle mis cuadernos, mis versos, mis dolores escritos con rimas, en cuadernos rayados y a pura birome Bic.

Ella escuchó, leyó y se atrevió a darme alas. Me criticó, me corrigió, me enseñó a ser riguroso con algunas cosas de la escritura y muy libre en otras. Deshizo versos e invirtió oraciones y nunca, pero nunca, desalentó el más mínimo proceso creativo. Me llenó de su genuino amor por este arte, me llenó de genuino cariño personal. Fue mi mentora literaria, sin dudas y ella así lo asumía con alegría.

Su hablar atolondrado y veloz te hacía creer que siempre tenía algo que hacer, pero estaba con vos, conversando, escuchando, mimando las letras. Tuve largas charlas con ella sobre libros, sobre historias, sobre poetas, sobre la vida, sobre la adolescencia que compartí desde el corazón y el alma con Mariana, su hija, mi amada amiga de la vida y con Ricardo, querido amigo y gran maestro de sus artes orientales, su hijo heredero de los genes de libertad que ella portaba en su ADN.

Crió a sus hijos desde esa libertad intrínseca de dejarlos ser, de apoyarlos, de la charla permanente, de sentarse a razonar con ellos, cosa no tan habitual en muchos padres de aquellos años. Los dejó elegir, los hizo crecer. Construyeron con su amado y amante Yoyo una familia completa, una visión de la vida conjunta de dos seres tan distintos que impresionaba, pero con un amor mutuo que se firmaba en roca pura. Entre el puro pragmatismo racional de Yoyo y la emoción afectiva y creativa de Baby, siempre corrió un río de amor. Todos nosotros metimos los pies en esas aguas reconfortantes.

Nos abrieron su casa siempre, eramos una banda de adolescentes ruidosos, les copábamos el living, el patio, la pileta, el comedor, su casa de veraneo. Nos bancaron las locuras, los conflictos de cada uno y nos vieron crecer uno a uno, estudiar, crecer más, hacer nuestras familias, tener hijos.
Recuerdo curiosamente que Baby y Yoyo me prestaron su auto para que salgamos entre amigos, antes que me lo prestara mi propio padre. Confiaron siempre en nosotros y respondimos a esa confianza desde nuestra inconsciencia juvenil.

Y pasaron los años y mis letras se guardaron en una caja de cartón durante muchos. Pero la llama seguía encendida y en cada encuentro con Baby, ella la avivaba con estímulos y arengas…

Y alguna vez, gracias a ella también y a las vueltas (o a los revolcones) de la vida, volví a escribir. Y las letras volvieron a mí como todo eso que nunca se va. Aprendí a escribir sobre todo, los dolores y las dichas. Y siempre su guía estaba presente, en mi cabeza sonaban sus consejos.

Ya grande, hace poquitos años, una vez, por esas cosas de la vida y el estímulo de otra querida amiga embebida en letras, escribí un cuento corto y por primera vez presenté algo en un concurso literario. Y el cuentito recibió una Mención de Honor. En medio de la serena alegría que me provocó el premio, sólo atiné a pensar en Baby. Cuando el cuento salió publicado en una edición económica y gratuita, agarré un ejemplar del pequeño libro y munido de una dedicatoria amorosa y agradecida, la fui a ver a Baby.
Ella ya estaba penando sus nanas, pagando sus culpas de tabaco de toda la vida, pero con el espíritu intacto y lúcido.
Se emocionó mucho al recibir el librito, me emocioné con ella y nos dimos un abrazo grande y largo. Y sólo atiné a darle las gracias. Nunca se dejó llevar por las muestras de afecto sensiblero y siguió con un chiste enseguida.
Luego siguió su derrotero y su lucha, acompañada por su gente, por su hija gigante en dedicación y entrega, por su hijo completo en el afecto físico y sensible y por Yoyo en el recorrido de envejecer juntos. Siempre juntos.

La noticia esperable del primer renglón me conmovió, y fui a su casa y vi a sus hijos, a sus bellas nietas, a su amado Yoyo, a sus viejos amigos de toda la vida, también estábamos muchos de los amigos de sus hijos. Abracé con el alma a Mariana, a Ricardo (ambos saben fielmente lo que su madre fue para mí) y a Yoyo que luchará todo lo que pueda contra la falta de su compañera.

Ayer, en su despedida, una persona que colaboró con ella en su casa los últimos tiempos me preguntó:

- “¿Usted es el que una vez hace unos años le trajo un librito con un cuento suyo? 
- “Si, soy yo” le contesté. 
- “Ah! Porque la señora Baby siempre tenía y llevaba juntos el libro de poesías que ella había publicado y el librito que Ud. le trajo, para ella esos dos libros siempre tenían que estar juntos”

Y ahí si, se quebró mi alma, de amor, de respeto, de recuerdos y sobre todo de gratitud.
Esperé a llegar a casa a la noche, tarde. Y mientras todos dormían en casa, pude llorar en silencio y en soledad.

Miento, no fue en soledad, porque mientras las lágrimas finalmente se liberaron, yo iba escribiendo esto y a mi lado, Baby me seguía corrigiendo y dando vuelta las oraciones, como tantas veces.

Nelson

("Baby" era Iris Haydeé Gastón de Fennen, poetisa, escritora, Profesora de Literatura, Maestra de las Letras, madre, esposa y amiga entrañable. Ayer se fue a escribir a otro lado, lejos de aquí. ¡¡Gracias!!)

4 comentarios:

  1. Qué tristeza Nel !!! Lo siento mucho... realmente.

    Este texto es un hermoso homenaje para Baby, estoy segura que lo está leyendo emocionada. Tan emocionada como estamos todos los que lo disfrutamos y la conocimos.

    Te abrazo

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  2. Yo también volví anoche con ganas de escribir algo, de buscar el libro de poemas de Baby y subir alguno a mi abandonado facebook, pero a pesar de lo tarde que llegué mi "baby" despertó y me acaparó por casi una hora sin soltarme la mano. Y mientras sorbía de a poquito un té verde los recuerdos fluían, así como anoche recorrían toda la casa y al entrar a la cocina estallaban...
    yo también me animé a mostrarle un poema a Baby. Uno que escribí al volver de aquel famoso viaje al norte y vine llena de emoción puneña y aire andino. Me dio el visto bueno y me sentí orgullosa... y quién sabe si no fue un empujoncito más para elegir Letras.

    Encuentro resonancias en todo lo que escribiste. Conozco los detalles de tu letra, de la casa y hasta de ese librito que dejó de ser humilde y gratuito para adquirir un valor que no tiene precio en el mercado. Me da orgullo saber que tuve algo que ver en eso. Viste? Uno nunca sabe el destino de sus textos!
    Gracias por seguir escribiendo! por contagiarnos el coraje de escribir, por rescatar lo bueno y positivo en medio del dolor...

    Por tantas cosas compartidas,

    Kety

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  3. Muy lindo Nelson!!!!
    Amelia.

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  4. Una vez mas se siente lo que escribìs. Lamento que sea tu tristeza la que lo hace pero pensè en seguida que "tu "Baby" estarìa aplaudiendote desde el cielo.Otra perlita de su alumno.
    Un cariño, escritor y que la pena pase pronto, hay que seguir...

    La anònima Gaby.

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