viernes, 4 de marzo de 2011

Más liviano.

Mis “exclusivos” y queridos lectores, disculpen la tardanza, pero el vértigo diario no me ha permitido explayarme en estos días, aunque aquí estoy, de nuevo en el ruedo. Gracias por los comentarios que me hacen llegar…

Más liviano.

Hace poco tuve una charla con un amigo que nos movilizó algunos puntos sensibles referidos a los sueños, los deseos, las utopías y todas las variantes que encuentren. Surgía en la charla, esa acuciante necesidad que tenemos de tener (valga la redundancia) determinados objetivos: de “vida”, laborales, económicos, sociales, etc. hacen que cada momento de nuestras existencias estén plagados de exigencia y necesidades  (de estas, de las otras tenemos todos, ¿no?)

¿Cuándo es que alguien dijo, escribió, estableció o decretó que todos tenemos que tener sueños, objetivos grandiosos, utopías por concretar o deseos inalcanzables? Seguramente, muchos me dirán que no es equiparable una utopía romántica que un objetivo de “posesión” económica, cosa que es real, pero intento no discriminar ya que todos tenemos nuestra propia forma de sentirnos realizados.  El punto en cuestión no es ese de todos modos, sino la exigencia impuesta o auto impuesta que tenemos de (obtener cosas = obtener felicidad)

Es un tema tratado hasta el hartazgo, lo sé, pero a veces, justamente por ser algo tan comentado y declamado, no le damos lugar a analizarlo desde nuestra propia existencia. Como muchos, uno mismo tiene sueños, deseos y proyectos, ya que debe ser una necesidad inherente a la condición humana, pero muchas veces despreciamos al que se despoja de esas metas y solamente se dedica a llevar su existencia por el mejor camino posible, sin importarle no solo lo que los demás opinen sino lo que su propia carga cultural o ,mejor aún, su evolución intelectual y emocional le exige.

Con los años (uno ya tiene unos cuantos en la alforja) he ido bajando pretensiones y objetivos en pos de obtener una felicidad más fecunda en el recorrido de la vida. Como buen descendiente de castellanos de Salamanca, mi tozudez me ha permitido transitar esos caminos cargadito de ítems a cumplir en toda sufrida vida española (recordemos a nuestros antepasados españoles reprimidos, sufridos y oscuros de hace un siglo, no a la España europea de estos tiempos), pero la evolución natural de la misma y los pocos pensamientos evolutivos que uno consigue desarrollar nos permiten descargar algunas cosas.  Para esto, sería un facilismo recurrir a frases occidentales u orientales como “Dios proveerá” o “Todo sucede para bien”, pero debemos admitir que sea cual sea la religión o idiosincrasia adoptada, resumen claramente la intención de vida del emisor del mensaje. No está nada mal. Aunque uno mismo no logre hacerlo.

Los hijos que crecen nos marcan etapas y dibujan líneas no sólo en nuestro rostro, sino en el recorrido de la vida. Cuando se acerca el momento de su independencia, intentamos empezar a prever el nido vacío y hay que prepararse para ese momento, ahí es cuando nos damos cuenta de cual es la motivación que nos llevó a poseer algo más. Y los hijos son un motivo, no una excusa. Como decía un psicólogo conocido; “Los hijos son la excusa más usada y más perfecta para justificar cualquier barbaridad de las tantas que hacemos”.
“¡¡¡Lo hice por mis hijos!!!” es el grito de guerra más mediocre que podemos utilizar. Hay que asumir que cada uno, tenga hijos o no, hace lo que decide hacer o en todo caso, lo que puede.
Los sueños, las posesiones y los deseos de poseer son nuestros, egoístas, personales, internos y profundos.

Tal vez, deberíamos aprender a recibir la vida un poco más como viene y otro poco menos como queremos que venga. Sigamos apilando sueños, pero no caigamos aplastados bajo su peso y cada tanto, cumplamos alguno, eso aliviana.

Tengamos deseos, planes y búsquedas más simples, más básicas, menos onerosas en su costo no solo monetario sino en su costo emocional y vital. Disfrutemos un poco más de crecer, de los caminos, de las esperas, de las charlas largas, no siempre es tiempo perdido.

Hacia allí intento ir, pese a las pesadas ruedas de la carreta que arrastro estos días.
Espero como siempre, que la búsqueda sea fecunda y que el recorrido me lleve finalmente, por ese camino por el que intento ir, descalzo sobre la arena y con el sol en la cara.

En parte desde allí nació este Blog, ya que en mi caso escribir, aliviana…

Buenas Noches.

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