Hola mis queridos y “exclusivos” lectores. Por más que sean pocos o muchos, siempre serán Uds. los “exclusivos” para mí.
No tengo muchos seguidores, pero sé y he comprobado que muchos me leen sin afiliación por el momento. Gracias.
En mi nueva noche, cada luz se confunde con la otra. Habiendo comprendido que no se trata sólo de un problema de astigmatismo refractario, he intentado anidar mis luces en el mismo árbol y empezar a separarlas.
En este momento de mi vida, de crisis como tantos otros, he buscado discernir cuales son las luces que me han iluminado el camino en los momentos mas difíciles.
Buscando en las polvorientas alforjas, cual Kwang Chang Caine de la ciber-era, voy descubriendo que las luces van prendiendo o apagando según el camino que recorremos y siempre o casi siempre, alguna se enciende en la oscuridad más endemoniada.
Asumen distintas formas o brillos, tienen más duración algunos y menos otras, pero todas iluminan. No pretendo hacer una alegoría del camino y los caminantes, pero cada uno sabe de qué se trata. En este tema de las luces he comenzado a poder comunicarle a la gente, qué es cada uno para mí. Dejé de tener pruritos. Tantos años de ser una buena oreja y un buen “solucionador” (otro neologismo y van…) para mucha de mi gente querida, me han dado un entrenamiento en la franqueza que debiera agradecer a mi vocación de amistad perdurable. En mi adolescencia más temprana, los amigos eran como una entidad inalcanzable patrimonio de los populares. Yo era un gris. De esos que no iluminan nada y a duras penas ven su propia nariz. Las distintas vueltas del camino hicieron que entre mis 15 y mis 17, la amistad en sus más diversos envases invadiera mi vida. Hasta tuve alguna “novia” adolescente y luminosa. Todos ellos sin excepción, muchos absolutamente ignorantes de esta situación, me marcaron el camino a seguir. Aprendí a escuchar, a decir despacio, a silenciar a gritos, a consolar llorando. Pero cada uno me iluminó un trecho.
Luego, en la juventud más universitaria, recogí antorchas que iluminaron mi pasaje a la adultez con la fuerza de un huracán caribeño.
Afortunadamente, cruces y quebradas mediante, hoy siguen a mi lado muchas de esas luces acumuladas en el camino. Es la única mochila que no pesa. Y siguen llegando a mi vida. Nuevos amigos de viejas historias. Amigos ciertos de rebote y herencia.
Todas luces. Todas que iluminan mi nueva Noche.
Vaya este texto escueto como un homenaje. Vaya para el amor de mi vida, que ilumina sin avaricia hasta el rincón más negro, aunque no lo sepa y ni siquiera lo pretenda. Vaya para mis pocos hermanos del alma, de los de ahora y de los de siempre, que siguen teniendo la flama en ristre cual lanza de las Cruzadas.
Vaya para los que depositaron en mi sus secretos más valiosos, sepan que esas luces que me dejaron, alumbran mis catacumbas pero nadie jamás podrá verlas.
Vaya para los que llevan mi sangre en su sangre, que sin imaginarlo, me hacen brillar de orgullo muchas veces. Vaya para los de mi carga genética heredada, que siguen iluminando interminablemente, dibujando líneas en mi rostro, finalmente más horizontales que verticales.
Vaya, al fin y al cabo, para esta vida que fui trazando y a la que sospecho, le quedan demasiados rincones por iluminar aún.
Prometo ser menos “interior” en mis próximos textos, pero entiendan amigos míos que tanto tiempo de espera, necesita un alumbramiento, no sé si doloroso, pero al menos profundamente interno.
Las letras han comenzado a salir, gracias por tolerarlas, y a los que no lo pueden hacer, gracias por haberlo intentado.
Es una verdad de Perogrullo pero entenderán: tanto esperar, tanta palabra apretujada que la salida, no puede ser menos que caótica.
En las próximas entregas, mejoraremos al menos… el orden de salida.
Buenas Noches
Me encanto!. PatoB
ResponderEliminarluciernaguita, aunque sea una luciernaguita, creeme que estoy en las noches más oscuras...y en las de luna llena también.
ResponderEliminarte quiero.
nora
Me gusto mucho!!! Ojalá esas lucecitas sean como las de Galeano en el primer capítulo de El Libro de los Abrazos, que leíamos cuando creíamos salvar al mundo con ideas...
ResponderEliminarTe adoro y segui sembrando con palabras que tu luz es como esas luces del uruguayo Eduardo...
besos infinitos...
Marian