La bicicleta
Circulando por la calle en los últimos días, tuve dos o tres encuentros con ciclistas que me llevaron a escribir algunas cositas que uno va acumulando en el “costurero” como decía mi tía cuando se refería a los recuerdos. (Nunca supe el porqué de ese nombre, pero me pareció siempre muy pintoresco y gráfico)
Desde el ciclista ese que avanza sobre la bocacalle con su rueda delantera tratando de “prepear” al auto que viene por su derecha a que frene y en el último segundo gira manteniendo el equilibrio, hasta los que atraviesan muy raudamente una senda peatonal llena de personas cruzando una calle o avenida, sin respetar ni el semáforo ni a la gente, el ciclista nativo es un dechado de virtudes urbanas, consecuencia de nuestra cada vez más paupérrima educación (y no me refiero a la académica). Un “argento 100%”, diría. Me incluyo, pues he sido ciclista mucho tiempo y aún hoy cada tanto lo soy, pero desde que les enseñé a mis hijos a andar en bici, intenté, espero que exitosamente, transmitir un mínimo respeto por la urbanidad, predicando con el ejemplo.
Podría hablar y gruñir mucho más sobre el tema, incluyendo bici sendas, normas de tránsito, conductores de automotores sin contemplaciones, ciclistas en la vereda, etc., pero el tema iba para otro lado.
Los recuerdos que van llegando a mi memoria sobre la bici son muchos, desde mis gritos:”Soy un inútil” cuando no podía mantener el equilibrio en la Aurorita de mi hermana mientras me estaban enseñando a andar, pasando por mi escapada al río en bici con mis secuaces de la cuadra a mis tiernos 8 o 9 años, cruzando dos avenidas y la barranca de Acassuso cual epopeya sanmartiniana y que me costara un reto severo y la prohibición de salir a la calle por una semana (en esas épocas, ese castigo era equivalente al destierro en Transilvania y así lo sufríamos).
Y cual repechaje de “Feliz Domingo” juguemos un poco a poner cosas que nos sugiere y/o recuerda la palabra “bicicleta”, sin repetir y sin soplar:
- Mi primera bici, usada hasta que el largo de mis fémures impedía casi que pudiera girar el manubrio.
- Una “nueva” de reemplazo, en realidad reciclada por mi viejo de una antigua bici inglesa con freno contra pedal (¡avance tecnológico!), a la cual le instalé el setentoso asiento “banana” comprado con ahorros y a la que le partí el cuadro en épocas en que empezaba a aparecer el “bici cross” (hoy lo llaman MTB) mientras saltábamos lomas de tierra en los baldíos y hacíamos concursos de “wheeling” por la calle a ver quién recorría más metros en una sola rueda.
- Nuestros carritos de rulemanes necesitaban también de las bicis para ser arrastrados a remolque por el pavimento, teníamos “técnicas de arrastre” y hasta dispositivos para desenganchar automáticamente el cable de arrastre en caso de peligro.
- La bicicleta de mi abuelo, que llamábamos “el buey” porque parecían cuernos las puntas del manubrio de carrera girado hacia arriba
- Recién inaugurado, el Bar “La Bicicleta” de San Isidro era el lugar donde invité mis primeras gaseosas, tratando de impresionar a alguna damita tan adolescente como yo.
- Infinidad de pantalones con las botamangas rotas y/o engrasadas por enganches con la cadena
- Cientos de heridas, raspones, frutillones y varios en piernas codos y cabeza.
- La bicicleta “financiera”, término que escuché en los tardíos 70 por primera vez y nunca nos ha abandonado, lamentablemente.
- La bicicleta fija, que todos hemos tenido en casa alguna vez y jamás usamos.
- La gente querida que no sabe andar en bicicleta y todos los miramos extrañados como si fuera un virus y no una simple habilidad no adquirida en la infancia por algún motivo simple y lógico como “nunca tuve bici” o algo así.
- El olor a caucho, a pegamento para parches y a grasa para la cadena de la bicicletería del barrio.
- La fascinación cuando un amigo o conocido aparecía con una BIANCHI o similar y decíamos: “¡Uhh! ¡Es una “media carrera”!” si tenía cubiertas finitas o el éxtasis de “¡Uhh! ¡Es una “de carrera”!” si portaba tubos en lugar de cubiertas de calle.
Seguramente a muchos de los queridos lectores, la palabrita “bicicleta” les sugiere muchos recuerdos o comentarios. ¡¡Anímense y posteen sus comentarios!!
Serán bien recibidos.
Buenas noches.
mi bicicleta...mmm...tal vez yo sea uno de esos "virus" a los que se los miraba de forma extraña (todavía hoy me pasa) jajaja! besos Nel!
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