En los últimos
tiempos, estos de tecnología y redes sociales, he percibido un aumento notable
de una expresión de afecto, el “te quiero mucho” o sus miles de variables de
escritura (TQM, TKM, TQU, etc., etc.) que es utilizado indistintamente entre
novios, parejas, amigos, familiares, compañeros de trabajo o estudio, etc.
Lo que prejuiciosamente
podría calificarse como una pérdida de valor del contenido o la sustancia de la
frase (del amor se trata, básicamente) lo interpreto como una genuina
humanización de las expresiones virtuales, que permiten a alguien comunicarle a
otro directamente algo que siente en forma real. No es poco para tanto
vilipendio a la “deshumanización” de las relaciones, que reprueban todos los
que (simplificando) no están conectados a Internet.
Pero (siempre hay
un pero) hay una expresión que no tiene ni el mismo valor, ni la misma nueva
cotidianeidad del “Te quiero mucho” y es esa otra frasecita que dice “te
extraño mucho”
Otra connotación,
mucho más profunda aún aparece cuando uno lee la acepción del diccionario que
inicia este escrito: “Echar
de menos a alguien o algo, sentir su falta”
“Echar de menos” es una expresión castellana poco
usada en nuestra región y nos puede resultar lejana, pero si analizamos la otra parte: “Sentir la
falta de alguien” tiene una potencia y expresividad demoledoras.
Cuando extrañamos a alguien nos falta algo,
estamos incompletos, hay un vacío a ocupar. Es una mezcla de desolación y
dependencia deliciosas. Somos más vulnerables al decir “te extraño” que al
decir “te quiero” porque el extrañar se padece, no somos sujetos activos como
al “querer” a alguien.
“Me hacés falta”, “Me completás” “Necesito tu
presencia” son expresiones derivadas de extrañar que remiten directamente a una
sensación física, a la falta física y presencial del otro. Además, esto
conlleva otras implicancias que tienen que ver con los sentidos: ver al otro,
tocar al otro, abrazarlo o tomar su mano, o besarlo, o sentir su presencia. El
cariño y/o amor que supone un “te quiero” es una emoción profunda que busca su
expresión en palabras. El “te extraño” vá más allá de la emoción para ser una
experiencia vital y concreta; puede extrañarse incluso a algún amor que ya no es tal, pues aunque casi siempre implique afecto, la falta del otro es física.
Y me alegra que la gente la use mucho menos
que el “te quiero”. Egoístamente sé que cuando le digo a alguien que la/lo
extraño, le estoy diciendo que mi ser completo acusa la falta de su presencia,
de su cuerpo, de su voz, de su mirada. Y sé que el cariño, afecto o amor, está
implícito, no necesito agregarle el “te quiero”.
Por eso, cada vez que alguien te dice que te
extraña, recordá que va más allá de una expresión de afecto; ese alguien te
necesita, le faltás, hay un vacío en su vida sin tí.
Y cada vez que digas “Te extraño”, poné el
valor de lo que estás diciendo en su punto real, no regales un “te extraño”,
pero no lo escatimes, cuando el cuerpo lo pide: "Sí, te lo digo a vos"
No me extrañen, queridos lectores; nos vemos pronto.
Buenas noches, pocas noches.