martes, 2 de agosto de 2011

MUDANZAS

El día a día que vivo por estos tiempos y la cercanía de una mudanza obligada por las circunstancias me generó una serie de cavilaciones que podían ser escritas. Y aquí estoy, mis “exclusivos” lectores (que siguen siendo pocos pero buenos) volcando esas sub-ideas en mi querido Blog.

Es una verdad revelada que las mudanzas, el cambio de hogar, de sitio propio, es un motivo de stress galopante, dicho ampliamente desde los cenáculos académicos de la psicología hasta por la escriba más básica de la revista Para Ti. En estos momentos es cuando se acumulan en uno las sensaciones más desesperantes.

Cierto es que hay distintos tipos de mudanzas, desde las más alegres y deseadas, por la compra de una nueva casa o su construcción, por el paso dado al agrandar superficies y/o mejorar la calidad de vida, o de ubicación , o de ampliación de la familia por la llegada de  un nuevo integrante hasta las más complejas o difíciles que tienen que ver con todo lo contrario a lo descripto: “achicarse” o perder calidad de vida o tener que mudarse sin desearlo, por temas laborales, económicos, de salud, etc. Entre estos extremos existe una gama enorme de posibilidades más o menos buenas o malas, pero todas teñidas de nerviosismo y tensión, personal y familiar.

Para los que somos naturalmente “acumuladores” de objetos y recuerdos, no existe un momento más difícil que la mudanza, pero confieso que la edad y ciertos aprendizajes hacen que uno empiece a valorar más el concepto de “viajar liviano” por la vida y estoy en un proceso de descarte sistemático de todo aquello que no sea irreemplazable o fundamentalmente necesario para la vida que viene. Estoy aprendiendo a deshacerme de “mis” cosas, que son cada vez menos mías y más parte de una historia que uno teme perder, sin reparar en que lo más valioso de dicha historia  está alojado, para bien o para mal, entre las costillas y el pulmón izquierdo y dentro de nuestro duro cráneo, en el disco rígido interminable del cerebro. Así que, intentaré mudar mi historia mucho más dentro mío que dentro de una cajita de cartón corrugado de 60 x 40 x 40 cm. de lado.

La herencia genética y cultural juega su papel en esto de las mudanzas, también. Por el lado de las “propiedades inmuebles” y la obligación del techo propio como objetivo primario, nos condiciona en cada paso y para quienes no lo poseemos reviste un valor no solo social sino también familiar ante el paso de los años y esta “falta” huele demasiado a “carencia”…  para los demás, por suerte.
Pero las elecciones en la vida hacen que todo pueda ser sublimado en función de un objetivo superior y algunas veces podemos rebelarnos un poco ante estos “requisitos” sociales, familiares y culturales y decidir tocar la música que más nos guste, aunque la crítica arrecie y el apoyo escasee.

La otra cara de la moneda está en toda esa gente que se solidariza con el estresado “mudante” y se ofrece desde para envolver las copas de la abuela y ponerlas en cajas, hasta para acercar un vehículo utilitario o su propia fuerza física para poder llevar la mesa del comedor que sentís como patrimonio grupal, porque ha sido escenario de las tenidas gastro-enológicas más amenas y divertidas de tu vida. Sospecho que ellos también lo consideran así, por eso es que ofrecen su ayuda.

El que se vá a mudar, es objeto de piedad y comprensión por parte de su gente querida, todos le dicen: “¡Pobre!, ¡la que te espera!” pero al minuto se arremangan y te dicen: “¿En qué te ayudo?”. Si bien pocas veces uno puede aprovechar a todos los que se ofrecen, es reconfortante recibir tal oferta desinteresada en un momento álgido.

También está el que te ofrece una garantía para alquilar, por ejemplo, o unos pesos para completar el pago del boleto de compraventa o la reserva, pero en todos y cada uno de ellos debemos entender que también está aquella historia de la que hablábamos más arriba, esa que incluye la amistad, la familia, el apoyo y la infinidad de momentos compartidos. Ni más ni menos, esa es la carga más poderosa que si o si debemos llevar con nosotros en cada mudanza, esa no se abandona ni se descarta en ningún lado. Lo he comprobado con gente fundamental en mi vida que viajaron al exilio por necesidad o por proyecto. Algunos han vuelto, otros siguen y seguirán lejos., pero todos ellos mudaron la historia compartida en sus valijas. Algunos la sacan cada tanto y le limpian el polvo, sólo para mirarla y añorarla; otros deciden ponerla frente a la computadora y navegar redes sociales y recursos virtuales que los mantengan en contacto con los protagonistas. Cualquiera de estas opciones es respetable, la decisión tanto como la experiencia, es personal e intransferible.

La mudanza también pone a prueba otras cosas: amores, proyectos, promesas, empleos. Todos ellos deben superar obstáculos complejos y muchas veces se desprecia la influencia que la movida del traslado puede tener en esos ítems y algunos otros. Pero nuevamente la experiencia personal, muchas veces dolorosa, es la que nos debe ayudar a mantener los ojos abiertos. Muchos matrimonios han caído bajo la presión de una mudanza complicada, distancias, lugares, trabajos que se modifican, horarios y alteraciones del statu quo de una familia recién mudada.

En fin, queridos amigos, lo cierto es que me estoy por mudar y una catarata de sentimientos, situaciones y sucesos hacen mi vida de estos días un tanto más complicada que de costumbre y, como siempre, era la excusa perfecta para no escribir aquí en Pocas Noches. Por suerte, decidí cambiar abulia por catarsis y al menos salió esto que es un muy pequeño resumen de todo lo que uno recorre en estas circunstancias.

Espero encontrarlos nuevamente, una vez que mi historia haya anidado en otro hogar y una nueva etapa, comience a gastar el camino.

Gracias por estos minutos, como siempre. Opinen, comenten, critiquen y promuevan el blog si creen que vale la pena.

Buenas noches.

Nelson Acosta García.